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Misterio de los misterios. 45

La diferencia entre lleno y vacío va mucho más allá de la apariencia, se aleja de cualquier reducción a la que nuestra mente nos invite. Esta voluntad de ajustar los significados para que lo enorme quepa en lo minúsculo es tendencia natural de lo limitado. Lo hacemos porque sólo así podemos atisbar algunos de los matices del aroma absoluto. Llenar y vaciar un vacío que parece estar lleno, un juego de palabras y un sin sentido a la lógica que gobierna nuestros actos. Es el principio inmanente de todo el que debemos aceptar como inalcanzable. Percibir un poco no es mucho, pero compensa el vacío total al que nos termina llevando cualquier encadenamiento racional. Lo intentamos solventar imaginando realidades irreales porque esa es la naturaleza de nuestro pensamiento, poner imaginado lo que creemos que falta. Pero falta tanto que poner que tan solo fragmentamos ligeramente la razón. Lo hacemos para que la luz que se filtra desde el infinito ilumine sin sentido todo lo que hace...

La mitad izquierda de la tablilla. 44

A veces el texto que nos propone el maestro es tan complejo, tan oscuro, que no acierto a comprender si su intención es forzar la llama que se apaga, o simplemente invitarnos a ver el abismo de la locura que entraña el intelecto. Intentamos comprenderlo todo con la parte más superficial que nos compone. Algo así como si la espuma del mar, tras el estallido de la ola, pretendiese ser reflejo de su magna profundidad. Este estrato externo, el que nos hace ver y sentir el resto de percepciones con sus destellos, es nuestra esperanza y a la vez nuestra amargura. Tan solo en el presente profundo podemos sobrevivir al anhelo de un pasado cargado de culpas, rencores, dudas y errores. Tan solo en este inmediato presente evitamos ser arrastrados por un futuro lleno de expectativas, proyectos y locuras que, en definitiva, no son más que destellos inexistentes de realidades imaginadas. Es este el instante donde nada de esta irrealidad puede sobrevivir y descargar sobre nosotros la semi...

La fuerza del fluir. 43

Explotamos convencidos de nuestro éxito venidero. Pensamos que un mero amasijo de fibras musculares puede más que una tormenta del desierto. Estamos tan acostumbrados a imaginar a seres todopoderosos que olvidamos nuestra minúscula insignificancia en el engranaje infinito que mueve el universo. Si bien este olvido se torna imprescindible precisamente por la conciencia clara de esta diferencia de magnitudes, ¿cómo soportar el peso de una claridad tan grande? Somos pequeños pero grandes nuestras aspiraciones que no cumplen los mínimos de adaptación. No podemos contener en nosotros el universo porque no hay continente ni contenido que crear o percibir, solo magma infinito. Ese magma fluye como el agua, tiene propiedades líquidas en la interacción permanente de todas sus partículas. Cuando algo se mueve todo se mueve. Cuando aumenta la temperatura ocurren ciertas cosas, cuando disminuye ocurren otras. Todo el juego del flujo depende de la temperatura y esta, aunque podamos darle ...

Expandir y contraer. 42

chinesemartialstudies.com Toda la existencia se compone de dos manifestaciones que fluctúan sin descanso. La expansión y la contracción son la cara y la cruz de la moneda de todo lo que percibimos y experimentamos. Este latir permanente se nutre en esencia de una forma de tensión indescriptible, una tensión que no decae más que cuando queremos percibir y dirigir el movimiento. El cielo nos propone esperar, nos insta a dejar fluir la tensión natural entre la expansión y la contracción sin acrecentar inconscientes ninguna de ambas. El dar y el recibir no son más que el dejarse arrastrar como la flecha que es disparada, una flecha con la voluntad última de ver aproximarse su blanco sin que nada ni nadie pueda evitar que se desvíe. Sin embargo, el riesgo del desaliento, el riesgo de disminuir esa potencia de salida, nos puede arruinar el trayecto. Podemos reducir con nuestro anhelo la velocidad del impulso necesaria para llegar a nuestro inevitable destino. Podemos llegar tocan...

Blandos y duros destinos

Vencer o sucumbir en algo no es decisión propia en el justo momento en el que el acto se ha consumado. Hacer lo que hay que hacer, antes de que llegue el momento, se corresponde con una visión proyectada y acertada sobre las posibilidades reales que tenemos. No todos tenemos las mismas. De la misma forma en la que el cielo no debate su dureza con la tierra, o la tierra no pretende ascender hacia el universo, contraernos y expandirnos son siempre acciones que se complementan en la justa medida de nuestro Dao individual, una brizna efímera del gran Dao que nos contiene a todos. Todos queremos ser fuertes sin que nos quepa pensar que quizá no lo seamos en la medida que cada situación nos requiere. El « Yes we can » es una falacia que nos convierte de inmediato en esclavos cuyo peor patrón posible no es otro que nuestro propio ego. A veces no podemos, a veces lo duro es demasiado duro o nosotros somos, esencialmente, demasiado blandos. No aceptar esto de partida nos lleva al p...

40 Los hombres están hambrientos

¿Qué entendemos por pueblo llano? Qué entendemos por los de arriba? Malgastamos una parte importante del vivir planteando cómo poder hacerlo según la norma. Buscamos ser y tener antes que solamente existir conscientes de que esto, progresivamente, se acaba. La merma de la vida es equiparable a un breve suspiro del universo en el que nos enfrascamos en tareas inútiles diferenciando esto de aquello. Los que pueden, los que tienen, los que gobiernan, son siempre aquellos cuya ambición, ego y avaricia supera la media de los circundantes. No somos pasto ni rebaño, pero lo parecemos cuando desatendemos nuestra sagrada misión de vivir libres de trampas. El panorama siempre es oscuro si miramos de soslayo, percibiendo en detalle la tela de araña en la que estamos inmersos. Hablamos de red olvidando el significado real de esa palabra. Parece una broma en la que lo más evidente se diluye en lo ilusorio para mostrarnos en nuestras narices cómo muchos se alimentan de nuestras vidas. ...

¿Ser o no ser el verdugo?

¿Quién soy? ¿Cuál es mi cometido? ¿Hasta qué punto es este mi camino? Estas preguntas invaden el alma de cualquiera que reflexiona en la dirección interior. Podemos sucumbir al pensamiento y desviar nuestros objetivos sin apenas darnos cuenta de ello. Miramos para otro lado intentando, sin querer, evitar las cuestiones que son verdaderamente fundamentales. El vacío nos llama, pero nuestra mente indiscreta se esfuerza por llenar todo el espacio en el que manifestar lo que esencialmente somos. Retomar ese camino, el del solo de violín (consciente) que apenas es acompañado ocasionalmente por la orquesta (de razonamientos interminables), es la vía desde la que podemos entender fugazmente nuestro destino. Una comprensión tan rápida, tan directa, tan profunda, que no deja rastro en la razón para divagar sobre ello. Instalada en el alma profunda nos aclara las cuestiones trascendentales que tanto nos inquietan, dejando al corazón como emisario. Superado el bache toca saber qué nos...