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Mostrando las entradas etiquetadas como Micro historias

El forjador

Forja de espadas Un fuerte olor a carbón, musgo y quizá orín inundó mi olfato. Llegué con el consejo a la espalda de otros muchos más grandes que yo. Me empujaron a su puerta para que pudiese encontrar la materia que mi alma demandaba, un elemento compuesto de hierro y carbón. Me encontré a un anciano encorvado sobre un pequeño yunque. Movía una piedra sobre una hoja de acero en una cadencia permanente, un ritmo del que casi se contagia de inmediato mi respiración. Sin levantar la mirada, absorto en su tarea, sus palabras me sorprendieron sacándome del hipnótico trance de observar sus movimientos. «Solo tienes que esperar» Solo cuatro simples palabras. No volví a escuchar nada de él después de la última sílaba que su rostro escondido me regaló. No supe responder, no pude responder. Estaba atrapado en el movimiento de sus manos; él lo percibió de inmediato y yo también. El olor me atravesaba cuanto más me acercaba a mirarlo. Fijé mi mirada en la hoja, la víctima o bene...

Pecador en duelo

Todo guardado, tan solo el aliento en el aire anuncia un instante que va a transformarlo todo. El sol, calentando y hasta doliendo en la cúspide, intenta filtrar su fuego entre las sombras de los árboles que cobijan ese infame intervalo. La espada, lista, engrasada, usada tantas veces en el vacío que apenas recuerda cómo era el tacto del cortar transferido con intenciones oscuras. Matar o morir, esa era su escusa cuando toda el alma se le ponía de frente recordándole la deuda acumulada. Ahora no era el momento de dudar. El semblante húmedo, las arrugas asumiendo la carga de los años y sirviendo de dique a lo que ni los mismos riñones se atrevían reivindicar. Aquello era una mezcla de miedo, osadía e incertidumbre. El cuello tenso, sin más maniobra posible en el cuerpo que el desenvaine y el estoque o corte, nunca supo decidir por encima de lo que el momento le dictaba, quizá ahí el secreto de su destreza hasta ahora. Pero el instante se prolongaba, el corazón galopaba como nun...