Ir al contenido principal

Entradas

Palabras que rasgan el alma. 68

Resulta irónico, sobre todo para alguien que escribe, asumir que el silencio nos aproxima al Dao. Cada palabra resuena como el eco de un pensamiento que surge incesante, aunque la lluvia no sea constante y el viento no sople con furia permanente en la mañana; el pensar obedece a otro instinto que cumple su Dao de forma peculiar. El alma no admite tantas metáforas como pensamos, ni puede ni debe confundirse con una forma de pensamiento menos agresiva. El alma es algo que sentimos profundamente y que inunda nuestros actos, nuestros pensamientos y nuestro ánimo para la vida. El silencio es pues el sonido del alma, una forma de acción permanente que nos exige naufragar en nosotros mismos sin ningún tipo de miedo. Es el contrapunto de un sonido insistente que no admite más rebaja que la comprensión de su inútil regocijo. Repetir, una y otra vez lo mismo, pero con matices, así se articula nuestro proceso mental para interpretar y ajustar el escenario a nuestro actor imaginado. El silen
Entradas recientes

Lo que se pliega se conserva entero.67

Descubrir los intrincados pormenores del pensamiento no es tarea fácil. Parece que determinadas barreras del sentimiento y del pensamiento se esclarecen con el paso de los años, casi como si el agua de la cascada de pensamientos que tapona la cueva del vacío dejase poco a poco al descubierto su contenido. En ese instante en el que se percibe el silencio que emana de esa oquedad, justo en ese preciso momento, es cuando aparece una súbita comprensión inesperada. Durante un instante pienso: ¿para qué el esfuerzo de buscar siendo todo tan fácil como cumplir años? Quizá, debemos mantenernos lo suficientemente cerca de la cascada para vislumbrar lo que hay detrás de ella, hasta que el flujo de interrupciones constante comience a descender.  Ese silencio que sale del vacío de la roca, esa sonora ausencia de sonido, parece una metáfora del procedimiento oportuno para la vida: «actuar sin intervención»; como dirigiéndonos según el viento, como surfeando una ola que no sabemos en qué momento cog

Dao De Jing. Subir lento y bajar pronto. 66

Llevar tacones o ponerse de puntillas nos hace parecer altos como no somos. En el Tao la apariencia choca frontalmente con la realidad para conjugar sus pareceres. No podemos elevarnos más de lo que somos, pero ¿quién sabe realmente lo que es? El deseo de estar vinculado al mundo, de formar parte de él sin menoscabos no es cuestión baladí. Es el ignorante el que sueña con un trono solitario desde el que ser admirado pero incomprendido. La fama no es apta para aquellos cuya misión es mundana, diaria, constante y sin brillo. Es importante no aspirar a aquello para lo que no estamos hechos, para lo que no estamos preparados o para lo que sentimos que nos acabará destruyendo como a tantos. Las cimas están para escalarlas y bajar de ellas de inmediato. La visión, el eco de la imagen que nos permite el ascenso y la cima misma son ya diferentes cuando bajamos reflexionando sobre todo ello. La bajada entraña también sus peligros, pero el espíritu pleno por la cercanía del cielo sigue ensim

A merced de lo desconocido. 65

  Seguir el consejo no siempre es fácil. Si las medidas que adoptamos dentro del marco de nuestra propia autonomía sobresalen del continuo, tropezamos. Toda orquesta se siente influenciada, de algún modo, por los propios sonidos internos y externos de la música, nada escapa al ruido imperante. El gesto de estudio debe permanecer sin traspasar las barreras prohibidas de lo absoluto. Un tipo de conciencia que entiende sin comprender y que avista antes de asomarse, quizá porque el ruido no puede ser otra cosa que tormenta. Es oscuro, misterioso; está oculto a sentidos sin diseño aparente. El inmenso y absoluto Dao nos atraviesa, y es el dolor de la herida el que nos confirma su existencia. Lo hace sin detalles, sin mediciones ni reflexiones. Está ahí y duele como todo lo que acontece fuera del marco definido. No queremos que deshagan nuestro libro, no queremos que nada interfiera en la película que dirigimos como actores de prestigio. Es terrible saber que, en el fondo, nada depende

Los errores de la mística. 64

Es vital diferenciar constantemente. Todos lo hacen, hasta este libro de sabiduría que, como tal, no acierta a veces a definirse sin errores. Es cierto y falso a la vez lo que dice en un dulce juego de contradicciones que tienen por misión el desconcierto de lo falso. La mente se equivoca cuando acierta y acierta en equivocarse para mostrarnos la irrealidad de todo lo real que nos rodea. El ángel anticipado del futuro impredecible carece de sentido cuando el bien y el mal se desmontan mutuamente. El escriba se cuela en las palabras que le trascienden para dejar un mensaje inconexo que nada tiene que ver con el Dao. Sin embargo, como propietario espiritual del verbo, es el libro el que marca su sentido robando el contenido y significado final a las palabras equivocadas. Trascendiendo su propio mensaje acalla las voces que critica, desprovee de peso al que sueña con colarse entre sus filas para transmitir sus miserias. No es hijo de nadie más que de sí mismo, nutrido por su propia vacuid

Dicotomía. 63

La eterna dicotomía entre el placer y el dolor condiciona nuestra existencia desde el origen de todo. Cualquier animal aprende siempre bajo estas dos certeras premisas. El hombre no escapa al influjo atractivo del placer y busca la fuga permanente de aquello que le suscita el sufrimiento. Es difícil separar la causa del origen. Y también resulta complejo entender que lo simple de este condicionamiento bipolar escapa, casi siempre, a nuestra percepción inmediata. Sucumbimos al placer de lo absurdo como si el dulce laberinto de lo complejo no fuese visible a los ojos del profano. El alma se construye de pequeñas complejidades entrelazadas. Recuerdos y sentimientos impregnados de sentido en nuestras vidas nos muestran luces de un pasado que nos reconforta en ocasiones, pero también puede torturarnos. Las herramientas de la mente nacieron por sí solas, o no, en un ambiente demandante; una alarma permanente para saber por dónde debemos transitar y cómo hacerlo sin perder mucho en el camino.

El complejo laberinto de la vida. 62

Parece imposible sustraerse a la complejidad del mundo. Todo es un proceso ininterrumpido de interferencias, interrupciones momentáneas de una línea original que nos regalan la diversidad de lo manifestado.  Sin dos líneas no hay interrupción ni cruce posible. Sin la duda y la certeza en continua interacción no podemos ordenar infinitamente el caos que conllevan los impactos. El presente choca con el eco del pasado y el futuro avanza aún más complejo que antaño. Todo sigue igual pero más rápido, nada cambia en lo exterior, solo las formas.  Pero lo interior está ahora más amenazado que nunca, su colapso parece inminente. Cuando todo el vacío se llene por completo tan sólo quedará una vía para que la transformación se renueve, la vía de la interrupción absoluta y del nuevo despertar a la esperanza. El cambio no es progresivo, ha llegado a su velocidad límite y pretende duplicar su envergadura. Nosotros somos los artífices de este cambio. Nosotros manifestamos en nuestro