Ir al contenido principal

Entradas

Espera el instante

La victoria superficial no es nada cuando nos jugamos el alma. Un alma que curtida en educaciones inconcebibles se engalana de pormenores para evitar el tedio de no sentirse más que en referencia de algo. La proactividad del combate es tan sutil como un hilo de seda entre los dientes, que no profundiza más allá del límite de la piel en la encía. Si forzamos, sangramos, si nos quedamos en la puerta no entramos, si pretendemos algo más que aquello en lo que el mero acto de la guerra consiste, herramos. El sin sentido de luchar hacia fuera nos lleva a precipitar nuestra derrota interior aunque haya luces que celebren nuestro desatino; no es gratuito, brilla el alma por su ausencia y eso lo determina finalmente todo. Es complejo renunciar a la gloria imaginada cuando aún no hemos comenzado a sudar bajo la cota, es preciso, imprescindible, apremiante, reducirnos. Bajar del corcel que corre hacia el precipicio para sentir victoriosos una caída cuyo límite está como siempre en el suelo...

33 sin guerra interior

¿Qué nos sujeta al borde del abismo que queremos evitar? Conozco el sentido del dictado, su utilidad, su necesidad, pero ¿qué nos consigue parar cuando el fuego se incendia involuntario? Reprimir y morir en silencio, con una sonrisa triste hacia afuera y un ceño interior fruncido que conmociona el alegre despertar que ambicionamos. No es fácil; no… Un buen guerrero no se deja llevar, pero a veces no es arrastre sino empuje lo que siente. También, a veces, cuando todo fluye desde el cielo, parece que el fuego ha dejado finalmente de existir. Una mota de polvo en el silencio de la tranquila madrugada, una simple mota, puede cambiar el orden de la balanza, entonces el caos se dispara de inmediato, antes incluso de que nuestros ojos lo proyecten hacia fuera. No usar armas, no enfadarse, son premisas imposibles cuando el aire divino del intelecto no ilumina la oscura perversión del origen transitorio que heredamos. Por eso es el arte de formarse el fundamento inquebrantable del ver...

Pecador en duelo

Todo guardado, tan solo el aliento en el aire anuncia un instante que va a transformarlo todo. El sol, calentando y hasta doliendo en la cúspide, intenta filtrar su fuego entre las sombras de los árboles que cobijan ese infame intervalo. La espada, lista, engrasada, usada tantas veces en el vacío que apenas recuerda cómo era el tacto del cortar transferido con intenciones oscuras. Matar o morir, esa era su escusa cuando toda el alma se le ponía de frente recordándole la deuda acumulada. Ahora no era el momento de dudar. El semblante húmedo, las arrugas asumiendo la carga de los años y sirviendo de dique a lo que ni los mismos riñones se atrevían reivindicar. Aquello era una mezcla de miedo, osadía e incertidumbre. El cuello tenso, sin más maniobra posible en el cuerpo que el desenvaine y el estoque o corte, nunca supo decidir por encima de lo que el momento le dictaba, quizá ahí el secreto de su destreza hasta ahora. Pero el instante se prolongaba, el corazón galopaba como nun...

El 32 va sobre el amor

“Gravity of Center” performed by Quixotic. Photo by Phil Koenig La grandeza que se escapa siempre - ¿Qué se escapa? si la búsqueda se antepone a la escucha. - ¿Antes o después? Es un perfil afilado en el que descuartizamos el instante, - ¿Nosotros o quién? como si el sentido de todo fuese rebuscarnos menospreciados. - ¿Quién valora? ¿Es el amor el sentido, - ¿Con o sin sentido? es el amor quien nos conmina a destituirnos - ¿Solo el amor? para implantar lo que gobierna desde otra perspectiva, - ¿Mirando o sintiendo? sonora, coloreada, definida por ojos que no salen del cuerpo? - ¿Entran de algún modo? Es el amor en estado puro el que sonroja, no el carmín. - ¿Para qué nos pintamos? Ese trazo fino de pincel ensimismado en algo banal, - ¿Lo sientes? después del trance crece hacia fuera, - ¿Quién nos espera? y tan solo los despiertos perciben el aroma en el dibujo, - ¿A qué huele el amor? el color en el sentimiento y la música en el paladar de lo que ven. -...

Qué listos los gusanos

Es difícil pretender no congelarse en un estado de satisfacción. Conseguir el calor que proporciona un combustible interior bien asentado nos anima a no movernos de ese momento intrascendente. Una parte de nosotros pretende seguir alimentándolo consiguiendo con ello aumentar nuestro peso y decadencia. Erudición es contención sin aplicativos necesarios para  la vida. Quizá algunos tengan ese destino prescrito por entidades insospechadas, pero entonces ¿para qué las piernas? El alma quiere expandirse y para ello necesita conocer. El conocimiento es un modelo de avance, es un rio con sus lagos, no un estanque. Acumular es desprenderse de la opción dinámica de explorar el universo externo e interno. Tan solo navegamos entre las palabras claras de los que en su vuelo pudieron observar la lejanía. Qué curva pretendemos observar sin un centímetro de elevación cuando el peso de contener nos lo impide. Qué mar alcanzaremos sin que quebremos el embalse para regar los campos de nuestro...

El Tao da y el hombre actúa

Dibujar el vacío con vacío no es posible. Pretendemos llenar algo cuya naturaleza fundamental es la vacuidad aunque nosotros no podamos percibir más que lo que sentimos. Así evaluamos las cosas en virtud de sus apariencias, sin pararnos a pensar que en realidad no son nada más que destellos dentro de nuestra mente, quizá reflejos de un sueño ya olvidado. Intentamos convencer con palabras de aquello que nuestra mirada niega absolutamente, no por convicción de lo pensado, sino porque nuestro corazón no acepta intermediarios y fluye a raudales para aquel que sabe escuchar lo inaudible. Qué grato aquello que convoca a los sentidos y que falso resulta equivocarse cuando el paladar saborea el dulce néctar de la adulación. No se esconde el significado verdadero del fulgor de un amanecer compartido, todos vimos el mismo principio y el final nos acogerá sin jerarquías. El lamento es una actitud innegociable ante el espíritu, su vacío no contiene ni la más leve queja que evidencie nuestra...

Gallos y perros a lo lejos

Crecemos, sin descanso, en cantidad y en calidad. El alma se perpetúa cuerpo tras cuerpo intentando mejorarse a sí misma cuando el velo de la ignorancia no se hace tan tupido como el enigma que nos separa de comprender racionalmente lo divino. Crecemos y avanzamos en la historia de la vida conscientes de que la magnitud de lo que hagamos se diluirá con el tiempo, en apenas mil años pasajeros no quedará nada de este tránsito apasionado. Instruidos en esta realidad incuestionable, podemos decidir una vida con menos para ser más. Hemos crecido y no sabemos realmente si nos hemos equivocado al hacerlo. No sabemos si el futuro necesita muchas más almas para propagar nuestra existencia o si este crecer desmedido será la tumba que cavemos para, simplemente, dejar de ser. El texto nos habla de reducción, de parar el trasiego de un lugar para otro y sentir el espacio y el tiempo presente que nos contiene en cada instante. Saborear nuestra comida, disfrutar lo que tenemos en una morada tr...