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Lo creativo

Aparece frente a mí, imponente. Su escalera me alumbra un posible camino de llegada a mi objetivo, pero difícil, escalonado, exigente. Nada es lo que parece a simple vista y esta imagen me lo muestra, impasible, consciente de que el tiempo siempre juega en mi contra y mi decisión es la que acorta la demora. Una escala apuntando a un junio soleado en el que el cielo como testigo y destino exige cuatro pilares para sostener el ascenso. Elevación, logro, propiciar y perseverancia. Cuatro exigencias que en sí mismas configuran cada uno de los seis peldaños premonitorios. Crear. ¿Quién crea si partimos de una base celeste que nos alienta y nos define en nuestra más profunda naturaleza? Aquello para lo que nacimos, para lo que morimos, ese destino pendiente de escribir se nos muestra libre, intercalado, potencialmente sinérgico con los diez mil seres que nos acompañan en el tránsito permanente del ahora. Ahora es el momento de empezar la subida sin cuestiones. Que la certeza pueda...

¿Entrar, estar o salir?

Salir o entrar son nuestras eternas conjeturas. Quedarnos o intentar ir un poco más allá, mensaje que nos alienta permanentemente a no naufragar en un presente que árido se pinta. El consuelo se dibuja como venidero cuando los instintos se subliman, sin embargo la muerte acecha en cada esquina. Esquivarla, eludirla, retrasarla. ¿Cuánto gastamos en estas acciones que nos alejen del terrorífico momento? Para el que muere a diario, el que va conociendo poco a poco la fantasía existencial que nos contiene, la muerte no es más que el descanso consciente para alcanzar otro tipo de descanso inconsciente en el que el presente es mucho más amplio, tanto como nuestros sueños nos deparan. Semejantes a los ilusionados anacoretas del pasado, muchos se esfuerzan en reconducir sus instintos para lograr expectativas de retardo, pero la historia nos lo comunica sin descanso, no hay opción de fuga verdadera. La necesidad de entrar y de salir en la vida se torna puerta giratoria que nos diluye el ...

Poner la otra mejilla desde el Tao

Es complejo abordar esta idea. Dejar de intervenir para poder intervenir. El sin sentido se torna mayúsculo cuando queremos impregnarlo de resultados. La sombra de nuestro ego se disuelve progresivamente al ritmo que vamos comprendiendo estas palabras. El soneto de nuestra música depende de la ausencia de instrumento, de aire, de intérprete y de oyente. Quizá porque la música en si misma tiene otra naturaleza que va más allá de nuestra reducción al interpretarla. El sonido de la brisa, de las olas o del bambú al crujir por el viento son, por sí mismos, un instante en el aire que se nos aproxima para vibrar de algún modo en nuestras entrañas. La adaptación como modelo de vida se dibuja finamente en una apuesta por el silencio frente al ruido. Intentamos callar nuestras voces interiores para ser capaces de escuchar lo que el pueblo, los buenos, los malos, los leales y los desleales tienen que decirnos. Pero al decirlo ellos no somos más que ellos mismos rebotando en un cuerpo que ...

Está ocurriendo ahora

Qué magnífico espectáculo y que afortunados somos al poder observar el cielo y su tormenta mientras rayos de luz se filtran entre las grietas que dejan nubes blancas y grises, quizá para provocar parábolas absurdas en las que podamos imaginar designios divinos que esperamos que aparezcan en forma de milagros inexplicables. Esta percepción del concierto luminoso celeste, orquestado por truenos, relámpagos y vellos erizados es, en sí misma, un verdadero milagro que nos empeñamos en descartar para imaginar un milagro de otra índole. Esta ceguera nos atrapa y se traslada a muchos otros campos de nuestra existencia en el que confundimos la tremenda realidad con un reflejo imaginado de ella. El presente inundado de belleza y de terrores, ese presente en el que vivimos y en el que viviremos siempre, nos parece insuficiente. Para evadirnos de él planteamos grandes planes, grandes proyectos, participamos en la llamada transformación del mundo, sin caer en la cuenta de que el mundo ya se ...

Suficiente para ser

El deseo como uno de los principales males del ser humano y, a la vez, el motor que genera el caos existencial que nos invade. El yang parece no tener medida en esta etapa de nuestra existencia. Crecemos, crecemos y seguimos creciendo sin saber realmente para qué lo hacemos. Faltos de la conciencia que toda dirección precisa, nos aventuramos a ampliar sin descanso el espacio vital de nuestra especie. Abordamos, invadimos, exploramos y usurpamos todo aquello que nos rodea en un único reflejo que nos aleja cada vez más del centro yacente en nuestro interior. Todo este proceso parece no ser otra cosa que un intento desesperado de nuestro ego permanente de evitar a toda costa la expansión interior tan necesaria. La lejanía de lo externo tiene su correspondencia en la lejanía de nuestro interior. Sin embargo nos engañamos confundiendo el destino de nuestra búsqueda al olvidar voluntariamente que tan solo en el instante presente, con todo lo que contiene y todo lo que le falta, están to...

Caer hacia arriba

En otras entradas hemos tratado tangencialmente el fenómeno de las apariencias. Dadas las repetidas alusiones que aparecen en el texto sobre este tema, parece oportuno dedicar un instante a reflexionar sobre ello sin perder de vista el contexto general en el que el libro nos propone diluirnos. Hasta seis advertencias nos refleja el último texto sobre el que debatimos (8 – B7 – XLV, pag 233). Lo grande se hace pequeño al pasar por el filtro de nuestro intelecto. Lo que aparentemente es fácil de comprender entraña en sus más profundos fractales complejidades insospechadas, tanto en su propia naturaleza como en la dinámica que anima a todos bajo y sobre el cielo. El escarmiento siempre acecha detrás de cada afirmación que osamos realizar sobre algo de semejante magnitud. Nuestra visión imperfecta, vacía, curvada, tartaja y torpe es del todo insuficiente para definir aquello que es más grande que la propia existencia que somos capaces de percibir. ¿Cómo alcanzar una visión más clara q...

¿Bondad o supervivencia?

Parece difícil pensar qué decisiones son más importantes en nuestra vida. En un texto como el Daodejing nos encontramos con esta cuestión constantemente. No acaba uno de aclararse si en realidad se trata de una autocrítica personal en la que tomamos prestadas las palabras del texto como pretexto para borrar o rehacer campos de la memoria extraviados. El presente siempre supera a cualquier interpretación que el pasado nos regale o el futuro nos prometa. Aquí y ahora cobra vida realmente cualquier pregunta sobre nosotros mismos. El buen hombre o la propia vida parecen enfrentarnos a una cuestión trascendental en términos de difícil interpretación antagónica. ¿Acaso no es posible combinar ambos extremos? ¿Cómo podemos valorar con justicia su precio? La bondad se nos presenta como una cruda realidad inalcanzable en la medida en que somos o no somos. Esta cuestión anterior a la misma pregunta viene injertada de otros señalamientos de mayor profundidad. La escalera de preguntas que...