Ir al contenido principal

Lo grande soñando en pequeño. 69


Aquello que excede nuestros límites siempre nos atrae de algún modo. Vislumbramos horizontes que se prolongan mucho más allá de las fronteras naturales de nuestro tiempo. Grande, siempre grande y distante, se escapa unos centímetros más siempre que damos un paso. 

No hay pasos de gigantes en lo cotidiano, tan solo desplazamiento en una línea infinita de progresión. El alma del hombre subyace a los railes de un tren que nunca pasa por el mismo sitio, pero que siempre está en todos de una forma u otra.

El verano, el otoño o el invierno fluyen incansables buscando una primavera que se escapa nada más llegar. Es difícil construir un relato interior con un final siempre inesperado o carente de finales posibles. Duro y confiado, el buscador se adentra en el ínfimo segmento que le corresponde para ser testigo desde ahí de su magnífica insignificancia.

Lo grandes es siempre tan grande que no podemos imaginar sus límites. Pero podemos al menos «imaginar», algo que él, por grande e inabarcable, a delegado en nosotros, la mínima porción de conciencia que hemos conocido hasta ahora. Son el cielo y la tierra los dos polos de una tensión que solo resuelve el desenlace equivocado que nos arrastra a formar de nuevo parte desordenada de un todo.

¿Por qué esta tensión entre orden y caos? ¿Acaso queremos realmente entender algo que no puede tener sentido humano en su raíz? Abstraerse es la única vía para la calma, el único remedio para una conciencia que persigue sin dudar lo inabarcable. Son el estanque del silencio y la inmediata verdad los únicos que pueden saciar nuestra sed de paz para la vida, nuestra felicidad incondicional, nuestro sentimiento de ser tan solo nosotros mismos.

Lo grande es tan grande que nos engulle si pretendemos engullirlo, nos digiere si pretendemos entender su magnitud desde el hormiguero de almas que fluctúan en un magma expansivo interactivo. Es ahora cuando sollozamos, es ahora cuando amamos, es ahora cuando esperamos, es ahora siempre.

El fin de los tiempos es el comienzo de los tiempos. El principio de todo no es más que una parpadeo que se puede estropear enseguida, es una mota de polvo en el instante de tocar el suelo húmedo que todo lo disuelve. El comienzo es ese instante que desaparece sin remordimiento mientras la propia creación sigue un curso dibujado por un dios que sueña que un día fue millones de veces más pequeño de lo que él mismo puede soñar. Así, los pequeños soñando en grande y el grande soñando en pequeños se configura un escenario interactivo que confundimos con el existir.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Comenzamos en octubre 2013

Comenzamos en octubre el Club de Lectura Kan Li. La actividad del club estará centrada en los textos sobre artes marciales y todos los aspectos relacionados con ellas. Hemos abierto un apartado en este blog en el que se detallan las características generales del proyecto, nuestras motivaciones para ponerlo en marcha y su estructura general y de funcionamiento inicial. Todos los meses nos reuniremos para conversar e intercambiar impresiones sobre una lectura predefinida. El club está abierto a todos los alumnos de nuestra escuela que quieran participar. Para esta primera ocasión hemos elegido un texto de gran calado filosófico. Es de gran interés para cualquier practicante de artes marciales y no está exento de lectura complementaria, lo cual siempre es un aliciente para utilizarlo como ventana hacia otros universos escritos. El libro se titula en castellano «Zen en el arte del tiro con arco» y fue publicado por primera vez en el año 1953. Es un libro de experiencias y pensam...

Retornar (al principio)

The return of the beautiful gardener - Max Ernst Decía Gaudí que la originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones. El aforismo sobre el que hemos trabajado en esta última cita de nuestro club de lectura sobre el Dao De Jing nos habla de este movimiento, de este retroceso de retorno al principio que nos plantea, siempre indiscutible, el movimiento del Tao. Complicado es aceptar en estos días que una propuesta nos invite a retroceder, pero cómo no hacerlo si nos encontramos al borde de un abismo merecido. La reflexión, lejos de ser el arma de la que se vale el Zhi Ren (hombre perfecto) para afrontar la escala de su propio desconocimiento, se aparca a la vera de un futuro posible para adentrarse en un presente en el que el pasado solo ha dejado meras cicatrices físicas. El camino es de vuelta al origen inexistente que nos entregó una luz inesperada. Ese no ser del que vinimos, encarnado en el s...

Charlas del Dao De Jing. Uno, dos y tres, dudamos.

«Abandonamos la plenitud que nos configura con la esperanza de poder experimentar algo nuevo, puesto que, al hallarnos completos, al serlo todo, experimentamos inmediatamente cuanto existe, cuanto es, todo salvo la duda, que el absoluto se encarga de excluir». El diario Estanislav Lem La duda aparece en nuestro escenario personal como un fragmento dado que nos garantiza el paso de fase. De alguna forma se torna pasaporte entre nuestras áreas evolutivas, documentos que permiten, una vez cerrado el circulo completo de lo que debía acontecer, asomarnos a un nuevo territorio por explorar, un territorio lleno de peligros, de alegrías, de sorpresas y de todo aquello que configura un nuevo nivel de experiencia que será la antesala de otro nuevo fractal evolutivo posterior de nuestra conciencia. Esta capacidad para dudar establece un modelo de fractura permanente que puede hacer que nuestra estructura básica, sin haber completado el segmento de su evolución correspondiente, se d...