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La incógnita del movimiento. 59

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Siempre imprecisa la traducción a lo burdo de aquello que nace complejo. El estudio no avanza desde modelos mesurables, se nos escapa en los conceptos que conocemos para adentrarse en cavernas, esas a las que nuestra comodidad nos impide acceder. ¿Es la vía del que busca el Tao absoluto o quizá la imagen del absoluto al que solo podemos aproximarnos levemente?

Pasar por la vida desapercibidos, intentando no despertar al dragón global que nos contiene, rebuscando en sus entrañas nuestros propios misterios sin llegar nunca a descubrirlos. Así se hace la vía desde dentro hacia afuera. Aquietando las aguas turbulentas de nuestras mil experiencias hablando entre ellas. Sin espacio para el silencio emergente, el que podría regalarnos sus tesoros, tesoros que no interesan al ser mundano que habita en todos.

Aun desconocemos el sentido, siempre tendremos esa duda sobre ser frágiles y rompernos en mil pedazos, en mil sentidos que no configuran una nada coherente. La solidez se pierde en la necesidad de fragmentar la coherencia para entender un porqué que nos convenza, uno que no nos deje de puntillas en el abismo de una oscuridad insondable, la oscuridad que tarde o temprano nos llegará.

Precaución, discreción, cuidado, simpleza e indistinción, características inexpresables cuando un yo permanente dirige el carro hacia la cascada. Pulsiones internas contrarrestadas con barbarie, dureza, explosión permanente de motivos para reclamar una respuesta, una que el universo no puede darnos porque quizá el concepto no forma parte de su lenguaje. 

Solo el silencio de esta tormenta de cuestiones, la quietud del charco que contiene la vida, permite aclarar el agua para ver lo invisible, lo oscuro, lo negado a la joven razón de nuestras formas.
Guardar el tao parece difícil, parece incoherente, parece imposible. Lo es en cada caso, lo es cuando el ojo que percibe la búsqueda no se ha incrustado lo suficiente en el misterioso espacio en el que habita nuestro yo superviviente, esa parte oscura de esta expresión luminosa que nunca dice nada útil para sentir la vida.

Estar, simplemente estar esperando a que las cosas se pongan en su sitio ¿entonces para qué el movimiento? Bailad almas que buscáis el Tao sin gastaros; y en la danza dejad de pensar para qué sirve el baile, solo danzad y el remolino de vuestra danza irá dibujando en el aire el trayecto de este instante efímero que llamamos vida. 

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